Los fundamentos científicos de prolongar la vida
La búsqueda de la inmortalidad
La búsqueda de la eterna juventud ha sido un tema central en los mitos de numerosas culturas a lo largo de los siglos. Las grandes religiones resolvieron la cuestión con la promesa del más allá, y el arte ha recurrido a la parca desde sus primeras representaciones.
La ciencia, mucho más pragmática, ha tomado la muerte como un problema y, por tanto, aspira a encontrar soluciones.
El envejecimiento es un proceso normal en el transcurso de la vida. Aunque dudo mucho que la especie humana descubra alguna vez el modo de alcanzar la inmortalidad, los avances científicos actuales sí me hacen pensar en la posibilidad de que en unos pocos siglos veamos humanos tricentenarios. Eso sí, es probable que en sus comienzos esta tecnología esté solo al alcance de unos pocos privilegiados.
Los transhumanistas de la actualidad ven al ser humano como una especie aún en desarrollo. Hablar de prolongar los límites de la esperanza de vida es para ellos solo una frontera más hasta sustituir al Homo sapiens por una especie de Homo deus, como lo bautizó el historiador Y. N. Harari.
La ciencia ya lo ha conseguido
En el momento en que escribo estas líneas, la ciencia de la longevidad ha dejado de estar en pañales y gran parte de su conocimiento ya es accesible para ti.
Hablar de ralentizar el envejecimiento puede parecer ciencia ficción, pero los datos son contundentes: gracias a los avances de los últimos 250 años, la esperanza de vida media global ha pasado de los 28,5 años en 1770 a los 72 años en 2020 (un incremento del 250%).
La primera pregunta —¿podemos vivir más?— ya ha sido contestada.
La siguiente pregunta es la que realmente importa: ¿Cómo podemos envejecer bien?
Es mi obligación dejarte claro que no encontrarás aquí un método milagroso. Lo que propongo es que asumas un papel activo. Está claro que la genética reparte las cartas, pero más allá de tu ADN existe una serie de factores ligados a tu estilo de vida que decidirán cómo juegas la partida. Y eso está, en gran medida, bajo tu control.
Lifespan vs. Healthspan: Las dos caras de la moneda
Llegados a este punto, ya habrás adivinado que todas y cada una de las entradas de la nueva etapa de este blog obedecen a un único y ambicioso objetivo: que llegues a vivir 100 años.
100 es un número redondo, un eslogan. Podemos aceptar 99 o 101. 120 sería algo ideal. Pero no importa solo la cantidad de años vividos (lifespan), sino la calidad de esos años. Por eso en ciencia empezamos a hablar de Healthspan (los años vividos con plena salud y vitalidad).
El proceso funciona al revés de lo que parece: no actúas directamente para aumentar tus años, sino que al mejorar tu calidad de vida hoy, aumentas tu longevidad mañana.
Te haces resistente al paso del tiempo para llegar a la jugada final en las mejores condiciones posibles.

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